martes, 25 de febrero de 2014

Los hombres van al gimnasio por los chochitos.



   Hace unos días estaba hablando con un amigo acerca de unos gimnasios. Seguramente volvamos a hablar de ello cuando nos veamos, así que me he propuesto mantener tal conversación con un par de argumentos, los cuales los voy a enumerar aquí. ¿Quién? ¿Qué? ¿Cómo? ¿Tarifas? Esto era lo que rondaba por mi cabeza, hasta que, así como el que no quiere la cosa, ¡se me apareció la puta Virgen! He descubierto que no existen cosas malas o buenas que decir acerca de un gimnasio. Existe solo el tipo de tías que acuden a ese gimnasio. Los chichitos, como muchos las llamamos...

   A raíz de eso he recordado la multitud de conversaciones que he tenido con otras personas. Ya sabes, ese tipo de conversación en la cual hablas de todo un poco. Y cada vez que se menciona algún músculo del cuerpo, viene también la conversación acerca de gimnasios: ''¿Tú a cuál vas?, yo voy a ese, tienen buenas máquinas pero no tienen eso, en el mio tienen eso pero no tienen lo otro, en el mio huele un poco mal en los vestuarios, tengo instructor, el mio tiene sauna, ¿ah sí?, sí y es la hostia, ¿y cuánto vale?, *suma de dinero*, ah pues iré a preguntar...''.

Y siempre, bueno, casi siempre ¿vale?
La conversación acaba en un :''generalmente yo voy a X hora, que a eso hora vienen unos chochitos que se me hace la boca agua''.

¿Entendéis?

No los aparatos, ni los precios, tampoco el vestuario, ni la ubicación o el mismo instructor cuentan.

Cuentan los chochitos.

   No porque les vayan a entrar. No porque tengan posibilidad alguna de follarlas. Simplemente porque es más guay. ¿Por qué mirarse a si mismo en el espejo cuando puedes mirar algún buen chochito? ¿Por qué mirar al televisor? Están ahí porque no están a gusto con su cuerpo, y cualquier cosa que les pueda levantar la moral les viene como anillo al dedo. Como el alcohol no va muy acorde con el gimnasio... pues los chochitos.

   Y hay otra cosa. Un secreto abrumador: en presencia de unos chochitos, los hombres son más hombres:

  • El típico: ''No pongas tanto peso, ¿acaso quieres que me dé un chungo aquí o qué?'' se convierte en: ''Pon otros 10 kg, quiero hacer al menos 5 repeticiones'';
  • Eres más puntual: si los chochitos despampanantes llegan a las 6, harás lo imposible para llegas a las 6 menos 10;
  • Eres más serio: cuando en la sala solo hay chicos, solo el fuego en medio de todos falta para que eso parezca un campamento de niños, los insultos amigables y las patadas en el culo son algo habitual;
  • Eres políticamente correcto a la hora de hablar: los rugidos de orangután y aquel ''Me cago en X'' que precede a la última serie, se convierten en un decente: ''uff...''
  • Desarrollas el auto-control: descubres que puedes estar metiendo tripa durante más de una hora;
  • Eres más cuidadoso con tu saludo: si los chochitos se toman batidos, bebidas energéticas o barritas de cereales, de repente pareces muuuuy interesado en sus efectos y al día siguiente lo compras tú también.
  • Pensando en ellas, follas mejor lo que ya tienes.
   ¿Os dais cuenta? ¿Os dais cuenta como el gordito relajado que iba al gimnasio solo para que no le tacharan de cerdo, solo por aparentar, se transforma, gracias a los chochitos del gimnasio, en un tío con una rutina diaria bien organizada, disciplinado, interesado en superarse a si mismo, que cada vez mejora su alimentación gradualmente y cuenta con una condición física buena, que cada vez va a mejor?

   Más o menos esto es todo. Si tienes un gimnasio, que le jodan al marketing. Ofrece sesiones gratuitas a los hombres, en las horas en las que vienen los mejores chochitos. Y ya está. Te garantizo que el gimnasio que llegue se dé a conocer el primero con que tiene los mejores chochitos entre sus clientes, será el que más lleno esté.


0 opiniones:

Publicar un comentario

 
;